La tecnología mató el espíritu de aventura: ¿Es el fin?
La planificación elimina el riesgo. El GPS nos da la ruta perfecta. Pero, ¿a qué precio? Sentimos que la tecnología mató el espíritu de aventura, transformando la exploración en una simple tarea. El viaje de hoy es fácil, pero carece de la magia de lo imprevisible.
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¿Qué fue de la aventura? Los “viejos tiempos”
Corría el año 1990, tenía una edad que superaba en muy poco los 20 años y mi compañera inseparable era entonces una Suzuki GSX400E con la había recorrido gran parte de la geografía española.

Entonces no había que elegir entre autovías y carreteras convencionales, pues las primeras simplemente eran inexistentes.
Tampoco las carreras convencionales eran divertidas de conducir, como hoy, pues estaban repletas de lentos y humeantes camiones a los cuales, en muchas ocasiones, tocaba seguir decenas de kilómetros.
Galicia, Asturias, Picos de Europas y Pirineos se habían convertido en varios veranos en mis destinos deseados.
Ni el frío, ni la lluvia eran excusas para no acampar en mi fantástica tienda canadiense de lona, mi saco de verano y una esterilla de espuma como único aislante.
Tenía otra edad, es cierto, eran otros tiempos, también es cierto, el presupuesto era escaso, más cierto aún, pero las ganas de viajar, conocer nuevos destinos y paisajes, y disfrutar conduciendo eran las mismas que hoy en día, eso sí la forma de afrontar los viajes ha cambiado por completo, y ahora es la era de la no aventura de viajar
Cuando viajas, creo que lo que más ha cambiado estos años, gracias al avance de la tecnología, es en la forma de preparación viajes. Hasta tal punto que en mi opinión tanta información a nuestro alcance ha matado en gran parte la aventura de viajar.
Elección del destino, sin filtros ni algoritmos
Hace unos meses había vuelto de hacer varias rutas por los Pirineos cuando empecé a rumiar la idea que el próximo viaje debería ser fuera de nuestras fronteras. Entones no había foros donde inspirarse en viajes de otros motoristas, pero sí varias revistas del sector, a las que naturalmente había que suscribirse en papel.
Quiero un destino verde, con paisajes, y poco turístico, sin masificaciones e Irlanda fue la elegida. La experiencia de unos amigos que habían visitado la isla verde en bicicleta, me terminó de convencer.
Preparar un viajes entonces era… una aventura
Y empecé la preparación de viaje. Lo primero un mapa de carreteras colgado en la pared de mi cuarto, donde iba apuntando todo lo leía que era interesante ver. En verdad era un mapa Michelin del Reino Unido e Irlanda, no me fue posible encontrar en las papelerías un mapa de carreras solamente de mi país destino, empezamos bien.
Segundo, la guía Trotamundos, que hasta entonces me había funcionado muy bien. Tenía por delante varios meses para leérmela detenidamente y apuntar todo lo importante.

Empiezan las preguntas
Pronto surgieron las primeras incógnitas del viaje: ¿Dónde puedo conseguir una guía irlandesa de campings? Parece que el alojamiento recomendado son los B&B ¿Cuánto cuestan?¿dónde están?
Descartada la ruta a través de Francia, por kilómetros, días y presupuesto (por aquel entonces, la diferencia de nivel de vida entre España y Francia era abismal). Solo me quedaba la alternativa del ferry entre Santander y Portsmouth, ¿Cuánto costaba?, ¿en que días y horas partía y llegaba?
Ahora con Internet, estas cuestiones, y muchas más, se conseguirían responder en 10 escasos minutos, y seguramente sobraría algún minuto.
Con bastante poca fé, y más movido por la desesperación que por otra cosa, decido escribir a la Embajada Irlandesa en España, para exponerles mis cuestiones y que se apiaden de mi.
Sorpresa!!! A las pocas semanas recibo un paquete inmenso con un montón de folletos y guías, de camping y B&B, de sitios imprescindibles, etc, todo acompañado de una más que entrañable carta del Embajador irlandés, sorprendido que haya decidido ir a conocer su país en motocicleta y en solitario. Todo un detalle que siempre recordaré.

La decisión final
Semana Santa de 1991, casi todo planificado para ir a Irlanda en el mes de julio. Todo planificado, sí, pero muchas dudas por resolver.
- Seguía sin saber precios, días y horarios del ferry entre Santander y Portsmouth. Los días y el horario no me importaba mucho, tenía amigos en Santander y viajaba sin prisas. El precio si era un inconveniente, andaba muy justo de presupuesto, y un precio por encima de lo esperado me podía echar al traste el viaje antes de iniciarlo.
- El alojamiento era otra cuestión. El camping no era una opción para todas las noches, Irlanda es muy lluviosa y poco turística, por lo que no había muchos. Y los B&B eran muy caros para mi escaso presupuesto.
- Conducir por la izquierda ¿Cómo sería? ¿Me acostumbraría?¿Es muy peligroso? No conocía a nadie con experiencia que me diera tranquilidad.
- Otra cuestión, que no le había dado mucha importancia hasta el final, era el idioma. Mi inglés no era para tirar cohetes, más bien no era para tirar nada. Muy básico, por decir diplomáticamente que no tenía ni idea.
Hoy en día tengo que reconocer que las dos últimas cuestiones eran más debido a la falta de experiencia viajera, que a verdaderos problemas que me podría encontrar.
Al final la lógica triunfó, que nunca debió hacerlo, y decidí posponer el viaje a Irlanda para dentro de unos años, donde, ya con un trabajo mejor remunerado, podría disponer de un mejor presupuesto.
Y me fuí a Suiza, un destino más asequible, con menos cuestiones, donde al final también tuve graves problemas con el presupuesto, nadie me contó lo caro que era ese país.

Idéntico destino años después: con tecnología ya no es los mismo
En el año 2017, me volví plantear ir en moto en solitario al destino que de juventud deje pendiente, era una espina que tenía clavada y era momento de sacármela.
Mi situación económica era bastante mejor, y me permitía ir con holgura en hoteles y B&B. Además ya había estado en dos ocasiones de vacaciones en familia, y el conducir por la izquierda no era un problema. Mi inglés seguía siendo de parvulario, pero tenía una experiencia viajera, que me permitía comunicarme por señas.
Pero todo había cambiado, el espíritu aventurero se había acabado ahora era la no aventura de viajar. Toda la información del país y como llegar fue cosa de 1 hora de internet. El diseño de la ruta con Myrouteapp era muy fácil y la navegación por GPS hacía innecesario los mapas. Mymaps había sustituido al mapa colgado en mi habitación.
Todo salió perfecto, incluso mejor de lo previsto debido a la suerte que tuve con el clima.
Ahora bien la tecnología mató el espíritu de aventura

4 comentarios
Gran articulo. Me he sentido identificado. A aventura de viajar ha cambiado mucho. Tiempos modernos…. en fin.
En algunas cosas hemos mejorado, en otras no.
En el año `87 me fui al GP de Jerez en una RD80 desde Madrid…eso ya era una aventura y con el fin de evitar carreteras nacionales fui por secundarias…un mapa de michelín, varios tubos de aceite de mezcla, una botella con un par de litros de gasolina…y lo puesto…el simple hecho de encontrar una gasolinera ya era una aventura…las horas, diez, que mi madre esperó hasta recibir la llamada desde Jerez, desde una cabina, se le hicieron eternas…no como ahora que no contestas un watsap al minuto y ya te ponen verde…la verdad que estoy completamente de acuerdo contigo…hubo tiempos mejores, sin necesidad de salir de España…planear un viaje era una auténtica aventura. Recuerdo lo del mapa y en base al mapa me hacía una lista de pueblos por los que pasaba, en un papel, con letra grande, pegado al depósito, para ir cotejando que iba por la ruta correcta…eso fue el inicio de los roadbook…Qué tiempos!!! ahora, desde hace diez años, me preparo todos los años un buen viaje, buscando carreteras que para verlas tienes que ampliar el google cien veces…pero no es del todo lo mismo, llevo un gps y un teléfono, duermo en hotel, lo tengo todo tasado antes de salir, soy mucho más previsor y me disgustan los imprevistos…me estaré haciendo mayor? Un saludo.
Ahora todo es más facil, pero hemos perdido mucho espiritú de aventura. Nos estamos haciendo mayores? Quizás, o simplemente nos adaptamos facilmente a la comodidad.